Es casi matemático: bajan las temperaturas y nos lanzamos a poner la calefacción. Es algo normal, pues a nadie le gusta pasar frío, pero hay que tener cuidado con esta práctica, pues el aire de la calefacción provoca un ambiente muy seco que puede acabar afectando a nuestra salud. Te contamos por qué y cómo ponerle remedio.
La importancia de regular el calor y mantener el ambiente húmedo
En primer lugar, hay una máxima que debemos intentar seguir todo el invierno: no pasarnos con la calefacción. Los especialistas sostienen que la temperatura ideal en interior debe ser de 21º durante el día (nunca sobrepasar los 23º) y de entre 17º y 19º por la noche. Y, además, si vives en una zona donde el ambiente es principalmente seco, es recomendable contar con un humidificador en casa que ayude a equilibrar el nivel de humedad en el ambiente.
Cómo afecta la calefacción a la salud
En primer lugar, la calefacción puede afectar a las vías respiratorias. Cuando el ambiente es muy seco en casa, es posible que se produzca una irritación en las vías respiratorias, ya que la sequedad afecta a las mucosas de la garganta. De ello, además, derivan muchos otros problemas como la irritación de garganta, la tos o las rinitis.
Para ayudar a mantener bien hidratada la garganta y prevenir estas molestias es imprescindible beber mucha agua y salivar con regularidad (los caramelos ayudan a ello, ya que estimulan la salivación y suavizan la garganta).
A su vez, los cambios bruscos de temperatura (mucho calor en casa frente al frío de la calle) es una causa de resfriado, ya que las defensas del organismo bajan y es cuando atacan los microorganismos.
Además, los ojos sufren mucho cuando el ambiente está muy seco. Más allá de intentar no mantener muy alta la calefacción, una forma de ayudar a que no se irriten es pestañear mucho y utilizar lágrimas artificiales.